Todas Ahorro Cripto Economía Inversión
Ahorro

Los errores de dinero que cometí en mis 20 y que ojalá nadie me hubiera dejado cometer

junio 20, 2026 6 min lectura
Los errores de dinero que cometí en mis 20 y que ojalá nadie me hubiera dejado cometer

No me gusta mirar atrás con arrepentimiento, pero hay ciertas decisiones financieras de mis veintes que, si pudiera, cambiaría sin dudarlo. No porque haya hecho nada catastrófico, sino porque me di cuenta demasiado tarde de algo que parece simple: los hábitos financieros que construyes joven son los que te persiguen durante años.

Te cuento mis errores con toda la honestidad que puedo, por si a alguien le sirve para no repetirlos.

Error 1: pensar que ya ahorraría cuando ganara más

Este es el más clásico de todos y el que más daño me hizo. Con mi primer trabajo ganaba poco, así que me decía que ahorrar no tenía sentido porque no sobraba nada. Cuando ascendí y gané más, empecé a gastar más también: mejor piso, coche mejor, más salidas. El porcentaje que ahorraba siguió siendo prácticamente cero.

Lo que no entendí entonces es que la capacidad de ahorro no depende de cuánto ganas, sino de la diferencia entre lo que ganas y lo que gastas. Y esa diferencia tienes que crearla tú activamente, porque sola no aparece. Si no apartas el dinero antes de que llegue a tu cuenta corriente, siempre habrá algo en qué gastarlo.

La solución que descubrí tarde es el ahorro automático: el día que cobras, una transferencia automática mueve una cantidad fija a una cuenta separada. No lo ves, no lo piensas, no lo gastas. Al principio parece que te falta dinero, pero en pocas semanas te adaptas al nuevo nivel y ya no lo echas de menos.

Error 2: financiar cosas que se deprecian

Me compré un coche a plazos con 24 años. No porque lo necesitara urgentemente, sino porque quería uno mejor del que podía permitirme pagar al contado. Estuve cuatro años pagando cuotas por un coche que cada año valía menos. Al final de los cuatro años, había pagado bastante más de lo que valía el coche en ese momento.

Financiar un coche, unas vacaciones o ropa no es necesariamente un error en todas las circunstancias, pero sí lo es si lo haces para tener algo que no puedes permitirte. El interés que pagas en esos casos es dinero que sale de tu bolsillo sin darte nada a cambio. Y si encima el bien se deprecia, estás pagando intereses por algo que cada vez vale menos.

La regla que aprendí: si no puedes pagarlo al contado o en muy pocas cuotas sin intereses, probablemente no puedes permitírtelo todavía. Eso aplica a casi todo excepto a la vivienda, que tiene su propio debate.

Error 3: no tener ni idea de en qué me gastaba el dinero

Durante años no tenía presupuesto de ningún tipo. Sabía más o menos cuánto ganaba y más o menos cuánto costaba el alquiler y los suministros, pero el resto era un misterio. El dinero llegaba, el dinero se iba, y yo nunca sabía muy bien adónde.

Cuando por fin me senté a revisar mis movimientos bancarios de los últimos tres meses, me quedé bastante sorprendido. Suscripciones que había olvidado, comidas fuera que sumaban mucho más de lo que imaginaba, pequeñas compras online que individualmente parecían insignificantes pero en conjunto eran bastante dinero.

No hace falta obsesionarse con cada euro, pero sí tener una foto clara de tus gastos principales. Con que te sientes una vez al mes a revisar en qué categorías se ha ido el dinero es suficiente para detectar a tiempo los gastos que se están yendo de las manos.

Error 4: no aprovechar los años de pocos gastos fijos

Cuando tenía 22 años vivía en un piso compartido, no tenía hijos, no tenía hipoteca, no tenía apenas gastos fijos. Era el momento ideal para ahorrar e invertir con agresividad, porque cualquier cosa que sobrara era completamente libre.

En cambio, lo que hice fue gastar más de la cuenta convencido de que «ya era joven y había tiempo». Y tiene algo de razón ese argumento, no voy a negarlo. Pero lo que no calculas cuando eres joven es que esos años de libertad financiera no duran para siempre. Llega el piso, llegan los hijos, llegan los gastos que no puedes recortar aunque quieras.

Si tuviera que dar un consejo a alguien de 22 o 23 años sería este: ahorra e invierte más de lo que crees que deberías mientras tus gastos fijos son bajos. Cuando suban, ya no podrás.

Error 5: confundir precio con valor

Durante años compré cosas baratas que terminé reemplazando varias veces, en vez de pagar más por algo que durara. Zapatillas baratas que se rompían en meses, electrodomésticos de baja gama que fallaban al año, ropa que se deshacía en pocas lavadas.

Al final, la suma de todas esas compras baratas superaba con creces lo que habría costado comprar algo de calidad desde el principio. Aprendí que barato no siempre es sinónimo de ahorro, y que a veces gastar más en algo tiene un retorno económico real si eso dura mucho más tiempo.

Esto no significa gastar sin criterio en marcas caras. Significa analizar el coste por uso: si una chaqueta buena cuesta el doble pero dura cinco veces más, en realidad es más barata. Ese cambio de perspectiva cambia bastante cómo decides qué comprar.

¿Qué haría diferente?

Empezaría a ahorrar desde el primer mes que trabajé, aunque fuera una cantidad ridícula. Metería ese dinero en un fondo indexado y no lo tocaría. Llevaría un control básico de mis gastos desde el principio. Y no financiaría nada que no fuera estrictamente necesario.

No me habría convertido en millonario, pero llegaría a los 35 con una situación financiera bastante más sólida de la que tuve. Y eso, al final, es lo que da tranquilidad: no un número enorme en la cuenta, sino saber que si pasa algo tienes margen de maniobra.

← Volver a portada